Rosácea
La rosácea es un desorden inflamatorio cutáneo, frecuente, complejo y crónico, caracterizado por remisiones y exacerbaciones.
Se expresa principalmente en la cara, con una amplia diversidad de manifestaciones clínicas, pápulas inflamatorias y pústulas similiares a un acné, sensación episódica de calor o quemazón, la cual puede estar asociada con un incremento del enrojecimiento de la piel, en particular de las regiones centrofacial y malares. Algunos pacientes presentarán signos y síntomas oculares.
Es necesario diferenciar otros problemas de piel como el acné, aunque en algunos casos las dos entidades pueden superponerse.
Los procesos que sirven como detonantes para el desarrollo de una rosácea, son múltiples y muy variados, iniciándose como una patología inflamatoria vascular, en pacientes con una piel genéticamente sensible, sobre todo a la radiación solar ultravioleta.
Un aspecto que siempre debe tomarse en cuenta, al diagnosticar y tratar la rosácea, es el gran impacto que esta enfermedad genera en la calidad de vida del paciente, alterando más su condición.
Como especialistas en el cuidado de la piel, hemos aprendido que la rosácea, más que una entidad única, representa un complejo síndrome con diversos orígenes y manifestaciones.
La piel sensible aparecen inmediatamente después de la aplicación de una sustancia o transcurridas horas o días y es la respuesta de este tipo de piel a estímulos exógenos. Existen diferencias y vínculos entre la piel sensible, la irritación y las alergias Los factores desencadenantes de la piel sensible pueden ser físicos (radiación ultravioleta, calor, frío, viento), químicos (cosméticos, jabones, agua, contaminantes) u ocasionales: psicológicos (estrés) y hormonales (ciclo menstrual).
Es muy importante conocer y comprender los factores desencadenantes que estimulan el enrojecimiento facial, con el propósito de evitarlos:
– Temperaturas extremas: frío y calor.
– La exposición al sol.
– Los ambientes demasiado calurosos.
– Los alimentos condimentados, las comidas y bebidas calientes, chocolates, vainilla, pimienta, ají picante, ajo, curry, mostaza, cítricos, algunos quesos, vinagre y salsa de soja.
– Las bebidas alcohólicas.
– Estrés e influencias emocionales.
– Hábito de fumar.
Es importante evitar el uso de productos para el cuidado de la piel que contengan alcohol o fragancias y las bases de maquillajes que sean difíciles de retirar, aunque no es suficiente para tratar la rosácea.
Los avances científicos indican la existencia de tratamientos nuevos y efectivos.
Consultar con un médico dermatólogo es la mejor manera de iniciar el tratamiento de la Rosácea.
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